
Gaviota planeando a escasos metros de mi ventana.

La fría mañana de aquel octubre, frente a los pesqueros de color rojo del puerto, la niebla gris de
Vigo y las confiadas gaviotas sobrevolando las empinadas calles, darían paso a un radiante día, perfecto para una improvisada ruta-excursión por las
Rías Baixas.
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